Mi experiencia en el Camino de Santiago

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¡Hola gente! Hoy os quiero hablar de mi increíble experiencia en el Camino de Santiago. Sólo fueron 7 días caminando pero fueron muy intensos… Hicimos el Camino francés y comenzamos desde Pedrafita Do Cebreiro, un pueblo entre montañas, rodeado de niebla y muy, muy encantador…

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Merece mucho la pena emprender esta aventura. A pesar de no ser muy deportista (por no decir nada) y no prepararme físicamente para ello, pude afrontar las etapas y llegar a Santiago sin ningún percance. Lo que no quiere decir que no fuera duro. Quizá fue que mentalmente estaba muy motivada, es importante tener la cabeza en su sitio en los momentos más duros. Te ayuda a continuar y a no rendirte.

Normalmente nos levantábamos a las 6 de la mañana y ahí comenzaba mi ritual (el cual creo que fue el culpable de que mis pies salieran intactos del camino, así que tomad nota :P):

Masajeaba las piernas y mis pies con Voltarén, después los embadurnada con un stick antiampollas cada mañana y luego me ponía unos apósitos en las zonas de posibles rozaduras. Calcetines especiales para trekking y unas buenas zapatillas adecuadas para hacer el camino. Se recomienda no estrenar estas cosas en el viaje, aunque como yo soy así de masoca sólo las utilicé dos veces antes, aún así, me fueron de maravilla. Otra cosa importante fue que nuestra mochila era muy ligera. Es recomendable no llevar más de 5 kilos, a nosotros no nos pesaba ni 4, por lo que la espalda apenas nos molestó. Antes de salir nos tomábamos una pastillita de magnesio para desayunar, ¡y a coger fuerzas!

Y ahí salíamos, a las 7 de la mañana, todavía de noche para adentrarnos entre los recovecos de los bosques, entre sus caminos y árboles centenarios, dignos de un cuento de hadas. El paisaje es espectacular (una pena perdernos las partes de noche, no se aprecia la belleza que hay a tu alrededor), pero cuando amanece y te ves rodeado de tanta naturaleza y tanto verde… que sabes que el sufrimiento merece la pena.

Íbamos tranquilos, sin prisa. Sólo hacíamos una parada durante las 5-6 horas que duraba la caminata, por lo que llevábamos un buen ritmo. Había gente que se lo tomaba como una carrera e iba a paso de gigante, otros, hacían una barbaridad de kilómetros diarios… Nosotros queríamos disfrutar de la experiencia, normalmente caminábamos un poco más de lo marcado en las etapas, pero aguantando hasta lo que nuestro cuerpo nos pidiera.

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Aquí os dejo mi día a día durante el Camino de Santiago:

Día 1: Pedrafita Do Cebreiro – Triacastela (25km).

Ese fue el día de descubrimientos: la primera toma de contacto con la naturaleza, la primera caminata, las primeras fotos, los primeros dolores… a pesar de la dificultad del camino (sobre todo los 4 primeros kilómetros como he comentado antes) nos resultó muy ameno por todas las sorpresas que descubrimos durante el trayecto.

El primer día nos alojamos en el albergue privado A Horta de Abel. Por 9 euros pudimos alojarnos en una habitación para sólo seis personas y además había una habitación doble separada. Era un lugar muy confortable con todas las paredes de piedra. ¡Fue una gran elección!

Fuimos a comer al Restaurante Esther, que se encontraba muy cerquita del albergue. Pedimos un menú de 10€ por persona que incluía dos platos, bebida y postre. Nos quedamos bastante llenos. Recomiendo especialmente la tarta de queso de O’cebreiro. ¡Estaba realmente deliciosa!

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Con mi camiseta de Linduras by Anika.

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Día 2 Triacastela – Barbadelo (22km).

Aunque fue una ruta corta, para mí fue el más duro de todos. La etapa era de tan sólo 18,3 km así que nos lanzamos a hacer 4 más, para ir adelantando días… Lo que no sabíamos era el palo que nos esperaba al pasar Sarria (el fin de esta etapa). Una caminata en subida en mitad del bosque, tropezando con piedras horrorosas o los rayos del sol cuando salimos del bosque que se inyectaban en la piel… ¡Se me hizo interminable!

Pero la recompensa vino después, cuando llegamos al albergue O Pombal, en medio de la nada, donde pudimos darnos una buena ducha, comer algo para coger energía (recomiendo el chorizo casero elaborado por el dueño) y descansar bajo el sol en las hamacas de la terraza. ¡Sin olvidarnos de refrescar durante un buen rato nuestros pies bajo el chorro de la fuente! Una vez recompuestos, nos fuimos a explorar el pequeño pueblecito.

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Día 3: Barbadelo – Gonzal (26km).

Uno de los días más largos. La última fase fue bastante dura también… fue de subida y todo por carretera (el asfalto te machaca los pies). Así que imaginaos cómo debía ser. A última hora de la mañana, cuando ya pegaba el sol, subir esa cuesta era como caminar hacia el infierno!

Ese día dormimos en el albergue municipal. Se notó bastante la diferencia entre ir al privado (9€) y al público (6€). Aquí duermes con 20 personas más, pero la gente y los peregrinos que nos encontramos, junto con las risas que nos dimos fueron el premio.

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Día 4: Gonzar – Casanova (22,7km)

Este día fue de los mejores. Nuestro físico ya estaba en plena forma. Nos habíamos acostumbrado a las duras jornadas de caminata y ya conocíamos nuestros puntos débiles y fuertes. Lo teníamos todo controlado. Ya sólo pensábamos en cómo sería de bonito el lugar donde teníamos que dormir… ¡y fue un acierto en toda regla!

Fuimos a Casa Domingo. Parecía una casita de meigas muy chula. Dormimos en una habitación de cuatro plazas así que estuvimos de lujo. Por las noches organizan queimadas y cenas comunitarias.

El pueblo que teníamos al lado era Melide, famoso por su pulpo a la gallega. Así que por la noche fuimos para allá y lo probamos. Nos recomendaron Casa Ezequiel y allí que fuimos. Muy muy bueno.

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Día 5: Casanova – Arzúa (25km)

Esta etapa fue bastante amena. El 5º día ya éramos todos unos profesionales de la peregrinación. En la entrada a Arzúa había un pequeño y acogedor albergue a la orilla del río… era precioso, encantador! Pero nosotros íbamos con fuerza y decidimos alojarnos ya en el interior del pueblo, aunque el lugar no fue lo que esperábamos. Aún así, hicimos un poco de turistas y visitamos el pueblo.

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Día 6: Arzúa – O Pedrouzo (19,1km)

Estábamos a puntito de alcanzar la meta y los peregrinos se acumulaban. Todos los albergues estaban al completo, ya no se podía reservar en ningún sitio… pensábamos que ese día, si no llegábamos a tiempo al albergue municipal, posiblemente dormiríamos en la calle… Pero como nos gusta a nosotros, nos arriesgamos y pasamos de largo.. y por fin encontramos cobijo en un albergue que también estuvo de maravilla.

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Día 7: O Pedrouzo – Santiago (20km)

El despertador sonó a las 5 de la mañana. Queríamos llegar pronto para disfrutar de nuestros días en Santiago. Ese día se me hizo muy corto… nuestra aventura estaba terminando y, a pesar de tener ganas de llegar, también significaba que esto había acabado…

Pero cuando llegamos a Santiago y vimos la señal que indicaba que ya estábamos allí nos dio un subidón increíble. Había cola incluso para hacerse fotos en el cartel. ¡Ese momento había que inmortalizarlo! Pero, sobre todo, el instante en que llegas a la plaza de la Catedral  y ves a todo el mundo tirado en el suelo con sus mochilas… y te giras y miras hacia arriba y ves la impresionante Catedral de Santiago, en ese mismo instante te das cuenta de que has logrado tu objetivo. Habíamos llegado a la meta. Es una sensación indescriptible…

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Después de esta increíble experiencia nos quedamos un par de días para conocer Santiago. Allí nos reunimos con otros peregrinos que conocimos durante el camino y lo pasamos genial. Nos aventuramos incluso con una segunda ruta: “París Dakar“. ¡Imprescindible! 😉

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Dicen que el Camino de Santiago te cambia la vida… sinceramente no sé si será cierto o no. Sólo sé que te hace ver hasta dónde puedes llegar y cuáles son tus límites. Y te demuestra que, con muy poco, se puede vivir perfectamente… Así que me haya cambiado o no la vida, ahora tengo una auténtica experiencia en mi currículum viajero que espero, algún día, poder repetir.

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